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Shame

#1 2012-02-17 05:22 PM

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“La película más provocativa e irresistible del año”, “Una de las mejores películas del año”, “Exquisita y emotiva”, “Dinamita”, “Fascinante”, “Sensacionalmente original”… esto reza el cartel de Shame, la nueva película del director inglés Steve McQueen. En tan poquito espacio yo la describiría como “Brutalmente perfecta“.

Y aún con todos estos elogios, la película no aparece en ningún momento entre las nominadas a los premios de la Academia, otra gran obra que queda olvidada para los académicos, al igual que Drive, ¿Por qué? Vamos a analizarlo poco a poco.

Shame nos cuenta la historia de Brandon Sullivan, un hombre trabajador, con dinero y con una vida normal, si no fuera porque es adicto al sexo. Su tiempo libre lo dedica a visitar páginas pornográficas, masturbarse y pagar a prostitutas para que sacien su sed. De repente su hermana Sissy reaparece en su vida y su muralla de sentimientos le impide ver los problemas que oculta su familiar.

Brandon está interpretado por Michael Fassbender, un hombre que en el último año ha sido de los actores más prolíficos de Hollywood. Su papel está bordado y no entiendo como no está nominado al Oscar, al igual que Ryan Gosling.

Brandon es un personaje del que no conocemos nada salvo su adicción y su incapacidad por ver a las mujeres como algo más que un objeto sexual, es incapaz de amar a una mujer. Por ello no se siente bien teniendo a su hermana al lado. Es un tipo serio, educado y que busca lo que busca.

Un papel por el que merecía mucho más de lo que se ha llevado, aunque le queda el premio al mejor actor en el Festival de Venecia, en el Festival de Sevilla y en la Asociación de Críticos de Los Ángeles, entre otros.

Por otra parte está Sissy, interpretada por Carey Mulligan, una jóven a la que descubrí en An Education y desde entonces me encanta. Sissy es un personaje extraño, ella quiere a su hermano y lo demuestra, al mismo tiempo se ve que es una pequeña oveja descarriada y que necesita apoyo para seguir adelante.

Pasándonos al apartado técnico de la película, debemos remarcar que todo es impecable. Tanto la fotografía como el montaje son estupendos. Cabe destacar tres planos secuencias muy interesantes, así como el montaje tanto del inicio como del final de la cinta. Y lo mejor de todo es que cuando parece que la historia es predecible, te rompe y la boca se desencaja.

Shame es sexo y por ello no ha entrado en la carrera hacia los oscar, no recuerdo yo una película tan explícita que tratase este tema sin caer en lo vulgar o la comedia. El puritanismo reinante en Hollywood prefiere nominar a cintas como “War Horse” antes que a esta. También se entiende que haya gente a la que no le pueda gustar, por lo explícito de su contenido o por la sobriedad con que se trata el tema, pero eso son cosas a parte.

Shame es seria, perturbadora, angustiosa, lujuriosa… Su guión, su fotografía, su dirección, sus actuaciones, todo encaja a la perfección. Shame es un olvido que se merece recordar ya en la historia del cine actual.

Lo mejor: Todo

Lo peor: El poco reconocimiento por parte de los académicos, ni una nominación en los Oscar.

#2 2012-02-18 04:49 PM

Otra crítica que nos ha llegado de Shame. Ésta pertenece a Javier C. Esperamos que os guste:

Descorazona ver que el cine, que nació como entretenimiento y mecánica, y de pronto cobró vida y se volvió un verdadero arte (de ese tipo de arte que le enfrenta a uno con su pensamiento, con su sentimiento, y con su soledad), nunca deja de ser ese masivo objeto de consumo que la cultura de masas engulle para aniquilar cualquier resquicio de verdadera libertad. Descorazona ver las risas huecas de las salas llenas. Descorazonan los llantos de los folletines sin alma. Descorazonan los guiones que tiran de oficio y pierden por el camino la verdadera pasión.

Por eso uno agradece que alguien como Steve McQueen haya tenido la honestidad y el talento para hacer una película madura, que busca mostrar la verdad (sea ésta como sea) sin ningún miedo y sin ninguna concesión; y que, encima, lo haga desde una perspectiva densa, meditada, seria, que rehúye todo lo evidente, y que le importa un bledo todo lo que pueda considerarse indecoroso o fuera de lugar: la cuestión es contar algo, contarlo bien, emplear el arte que aún le queda al cine.

Shame es brillante. Ignoro cómo pasará el tiempo sobre ella: muchas veces nos llevamos una alegría inesperada al ver cómo envejecen unas películas; otras, nos decepcionan. Así, a bote pronto, diría que ésta va a envejecer muy bien. La película trata mucho sobre el sexo, pero su núcleo real no es el sexo, sino la satisfacción que puede perseguir un yo en su afán vacío por lidiar con el éxito (éxito medido, no según una libre voluntad, sino según una escala ajena, o social, que se interioriza como propia).

La película también trata mucho de la soledad, pero esa soledad parece más un síntoma que una enfermedad encerrada en su diagnóstico. La película trata de muchas cosas; pero, por encima de todo, está muy bien hecha. A diferencia de otros filmes de temática destructiva y sexual, como la excelente La pianista, en el que el personaje que interpretaba Isabelle Huppert no podía controlarse a sí misma (porque, a pesar de todo, no quería o no podía conocerse demasiado), en Shame el protagonista nunca pierde los nervios: es totalmente consciente de que algo horripilante le está sucediendo, pero consigue domar la angustia, o canalizarla a través del sexo más vacío y repugnante que se ha visto en el cine mucho tiempo.

Por eso nunca, en ningún momento, nada de lo que se nos cuenta parece banal. Por eso cada pequeña mirada importa. Por eso el trabajo de Michael Fassbender es tan supremo. Está obligado a pensarlo y a sentirlo todo, pero nunca habla de sí mismo. Jamás transgrede la línea que separa la obsesión enfermiza del decoro. En los momentos en los cuales habla implicándose emocionalmente es siempre cruel, torpe, o dominante; o las tres cosas a la vez; pero nunca es sincero consigo mismo, nunca habla desde dentro de sí. Se debe a que la parte social domina en su ser a la espiritual. En sociedad, por supuesto, triunfa. Por dentro está podrido.

A ratos a uno le provoca repugnancia; a ratos, compasión. Hay algo de él en cada uno de nosotros. Algo que nos hunde desde dentro; algo que nos dice que sólo la satisfacción (sexual, social, emocional, lo que sea) nos salvará de nosotros mismos. Por eso nos asusta o nos fascina: según cómo lo enfoquemos, con qué parte de nuestra psique, iremos en una dirección o en otra.

Mención aparte merece el personaje de Carey Mulligan. No se diferencia tanto de su hermano como podría parecer. Ambos –esto se expresa de modo explícito– están descosidos. Ignoramos qué les ocurrió durante la adolescencia, o durante la infancia. Tampoco es importante saberlo. Pero ella ejerce de exacto contrapunto a la obsesión sólo sexual.

Lo mejor de Shame se resume en que uno no puede resumirla en pocas líneas; en realidad, hasta cuesta resumirla en muchas. Tiene tantas virtudes (dirección brillante, con planos secuencia osados que funcionan a las mil maravillas; juegos de fotografía con el color; un guión que elude lo previsible y funciona; actores en estado de gracia…) que uno no sabe por dónde empezar.

Quizá por ésta: se mete en la cabeza del espectador. Da para un sinfín de reflexiones. Podría hablarse de ella durante horas y siempre aparecería un matiz más.

No se me ocurre un elogio mejor.

Por segunda vez en este año (la primera fue con El árbol de la vida, pero sé que esta película es necesariamente impopular) siento que he visto un cine que es verdadero arte. Que puede ser mejor o peor, pero que está jugando en otra liga, que va en serio. Lo que se llamaría, dentro de unos años, un verdadero clásico.

El hecho de que no haya sido nominada a ninguno de los Oscars que podría merecer sin problemas (película, dirección, actor, actriz secundaria) no hace más que evidenciar su calidad: no hay huevos en Hollywood para premiar al gran arte. Ellos prefieren el espectáculo. Pobres.

De verdad: no se la pierdan.

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